Prólogo lunes, 12 de mayo de 2008

Éste no es mi primer blog. Conociéndome, tampoco será el último. Con un poco de suerte sí que será el bueno.

Estoy convencido de que el sentido de la vida es, simplemente, transformar en nuestra cabeza el absurdo que nos rodea en historias. Lo hacemos constantemente, de forma automática, sin darnos cuenta. Percibimos historias. Contamos historias. Recordamos historias. Es una necesidad compulsiva, organizarlo todo en elementos de un guión. Buenos y malos. Extras sin diálogo. Motivaciones. Oposición. Giros argumentales. Toda una cadena lógica delicadamente construida de causas y efectos. Y cuando el agua nos llega al cuello, mirar al cielo esperando la llegada del Deus ex Machina. Lo que sea menos admitir que las cosas pasan porque sí, que no sabemos cuando empiezan ni las veremos terminar, que las recompensas no siempre se consiguen porque nos lo hayamos merecido y que cuando las desgracias llegan es estúpido preguntar por qué. Somos insectos en un huracán, pretendiendo que nuestras trayectorias se deben a planes de vuelo milimétricamente calculados.

Pero no estamos construidos para aceptar esa verdad sin desesperar. Cada cual lucha contra ella como puede. Yo, insatisfecho con mis propias peripecias y el reflejo de mí que veo en ellas, invento otras nuevas. De una forma u otra, mis palabras siempre han sido mi arma, aunque a veces las disparara como un niño con una metralleta. Lamento profundamente cada daño colateral. Todo relato que cuelgue aquí es un tiro al aire, intentando hacer sangrar al vacío. Si además podéis ganarle terreno al aburrimiento gracias a semejante fuego de cobertura, estaré encantado de tener aliados en mi bando por los que pelear.

Sólo recordad. Todo esto es mentira. Sobre todo lo que parece verdad.

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